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domingo, 23 de diciembre de 2012

Txoria Txori - Mikel Laboa



“ Hegoak ebaki banizkio
Nerea izango zen
Ez zuen aldegingo
Bainan, honela
Ez zen gehiago txoria izango
Eta nik...txoria nuen maite ”


Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío, no habría escapado.
Pero así, habría dejado de ser pájaro.
Y yo...yo lo que amaba era un pájaro.

Txoria Txori

Letra y música: Mikel Laboa
Arreglos: Txus Amat

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Ofelia



“ Hay un sauce que, inclinándose a su peso, mira el albo verdor de sus hojas en la cristalina corriente de un arroyo. Con sus ramas elaboró Ofelia intrincadas guirnaldas de flores, juncos, margaritas y esas orquídeas color purpúreo que el vulgo llama «dedos de muerto». Quiso colgarlas del árbol, se quebró la rama en que se apoyaba, y cayeron ella y sus guirnaldas en el lloroso arroyo. Sus ropas se esparcieron manteniéndola a flote durante un tiempo. Se puso entonces a cantar trozos de viejas alboradas, como si no supiera el peligro en que se encontraba, o como si fuese una náyade nacida y criada en las aguas. Pero no tardaron mucho sus prendas en empaparse arrastrando a la pobre doncella y su canción a morir en las cenagosas profundidades. ”

William Shakespeare “Hamlet”

Ofelia
Letra y música: Txus Amat 


Letra y música: Txus Amat

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viernes, 11 de mayo de 2012

Paul Nicolas Elson


¿Que quién es Paul?. Él es un tipo muy singular y muy plural a las veces.  Técnico de cine y audiovisuales, road manager,  sonidista, motero, submarinista, rockero empedernido... pero sobre todo el tipo al que más queremos sus amigos.

Un metro ochenta de inglés alacantí, pícaros ojos claros y piel rosada. Un seguro de vida en los momentos necesarios. La máquina de amar, el azote de las chicas del Plá.... el que nos roba las novias.

Lo conocí en el estudio de mi amigo Giovanni Croatto: nadie me lo presentó, me sonrió y dijo: ¿qué pasa neneeee...? y hasta ahora, quince años después.

No es por su arrolladora personalidad ni por soltar tres chistes por minuto por lo que Mr. Elson pueda destacar (hombre, eso contribuye, claro...) sino por su “reverso Mr. Hyde”: nos encontramos ante uno de esos rarísimos personajes ultra profesionales y comprometidos en todo cuanto acomete.

Es una fiesta poder trabajar con él. Buen rollo, alegría y cachondeo.... y de repente mil detalles y un control impresionantes.  Es nuestro director de escena en Camerata Carabel y le debemos la vida. En el estreno (después de conseguir arreglar las luces del carrusel a sólo veinte minutos antes de comenzar) y ante mi cara de angustia, me miró muy serio y me soltó en los morros algo que no olvidaré: ¿por qué sufres nene...? ¡¡¡¡que aquí está Paul!!!!

Así debería ser el paraíso. 

¡¡¡ Es mi puto héroe !!!    ...aunque nos robe las novias...

lunes, 26 de marzo de 2012

Un sueño lleno de animales



Estaba amaneciendo
cuando una estrella fugaz
perdía su coleta,
cuando el rocío en las violetas
bostezaba al sol.

Era un caballo enorme
a contraluz de naranjas,
rojo adormidera;
lleva en su grupa una pantera
ojos de rubí.

El valle se hinchaba de luz
y ahora son
helechos que mueve 
la brisa menor,
montañas dispersas,
cantos de zorzales,
la sombra en colores
de un mar de corales.

Un sueño que crece y se eleva
entre auroras boreales,
un sueño en forma de gallina,
un sueño lleno de animales.

Un sueño lleno de animales

Letra y música: Txus Amat
Ilustración: Javier Sáez Castañ
Arreglos: Giovanni Croatto

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domingo, 18 de marzo de 2012

De vuelta a casa






















Sin olvidarnos de los paisajes que nos conforman,
hemos de partir muy lejos desde todos los balcones.

Y al abrigo de cada farol repasar una vez más
los agujeros de nuestros bolsillos, nuestro sencillo equipaje.

Perdemos las llaves en nuestra primera carrera,
acompasamos la respiración y para no mirar atrás
elevamos un poco las rodillas.

Con el tiempo, en sueños regresamos al pueblo,
donde el relojero juega con el sacristán al dominó
en la taberna, al acabar la novena.

Alguién lo coge por la espalda
y yo le doy con mi pesadilla en mitad de la cabeza.
El otro trata de huir pero no me preocupo, no tiene escapatoria.
Nadie va a largarse de rositas de este crimen confortable
que nos desquita del tiempo y de la culpabilidad.

También recuerdo otros sueños de caminos y almas gemelas
que transitan desde el instituto
hasta las viejas calles de Palma de Mallorca, Tudela o París.

Y me doy cuenta de que no se habían borrado la señales:
tal vez nunca supe interpretarlas.

De vuelta a casa
                                                                             
Letra y música: Txus Amat

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martes, 6 de diciembre de 2011

Brújula
























Cómo escribirte desde las ruinas
sin hacerme hueco entre cenizas y palabras.

Cómo decirte que aunque la vida pasó
todavía quedan inviernos muy hermosos
con esa cálida y breve luz de domingo.

Subir al castillo y ver el mar,
oler en tu bufanda la mañana.
Olvidar que los mayores se marcharon
con sus habitaciones llenas de ojos y dolores.
Es un ejemplo.

Y veo que no has cambiado nada,
que estás exactamente igual que te recuerdo,
descarada y feliz,
jugando a perder la paciencia
sobre un tiempo que ya no sobra.

Como brújula y candil,
magnetizada. 




Brújula


Letra y música: Txus Amat
Ilustración: Pablo Auladell 

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martes, 29 de noviembre de 2011

Dicen los viejos bardos


























No lo olvides, poeta.
En cualquier sitio y época

en que hagas o en que sufras la Historia,
siempre estará acechándote algún poema peligroso.

Heberto Padilla


El viejo bardo

Letra y música: Txus Amat 


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martes, 7 de junio de 2011

Mayo inevitable



Esta ópera de los tres centavos, las canciones de este tiempo y lugar, las hacemos sus protagonistas.

“ Mayo,
que nos ha visto despertar
de un largo invierno de ilusión.
Mayo está aquí para quedarse.

Mayo
de malva y gris, jacarandá,
las plazas son puertas de sol
donde se alivia la ciudad.
Mayo llegó y se va a quedar.

Uno dice que los ciudadanos
no debemos ser mercancías
en manos de políticos y banqueros;

otro invita a tomar la plaza
y expresa su indignación
por los olvidados, los engañados,
los eternos derrotados;

Ése coge el megáfono y habla de justicia
y solidaridad, del desempleo,
de que quién paga la crisis;

de las fortunas inhumanas,
de los humanos infortunios,
de las costuras del monstruo,
de un lugar para vivir.

Y yo creo que se preparan sucesos y asaltos
decisivos para las conciencias,
porque el porvenir solo puede ser
el proceso creativo de muchas mentes
sin miedo.

Mayo,
vino de la inconformidad
y rosa de la indignación,
mayo es octubre inevitable.”



Mayo

Letra y música: Txus Amat 


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domingo, 24 de enero de 2010

Vida de las Piedras





















Conjeturas en tres por cuatro. Ternarios palos de ciego.

Admirar una roca como deseo de serlo todo y para siempre.

Hasta entonces había creído en las noches sin miedo y en su sonrisa plateada. Que había dos cuerpos con alas asombrados en sus lechos.
Que anochecía la luna y un sueño ardía en silencio; que una estrella caería del cielo si era la tierra quien la invocaba.
Que el duende de la encina celebraba su milenario y que millones de golondrinas cantarían en su cumpleaños. Que esa luna de agosto iba a seguir mintiendo hasta que su luz se perderse mar adentro.

De pronto las personas de ojos azules, como nubes de un día sereno, empezaron a desaparecer.



Vida de las piedras

Letra y música: Txus Amat 


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viernes, 25 de abril de 2008

El primer día del mundo

















Ocurrió hace ya más de veinte años, en una vieja peluquería de la calle de la Rúa de Tudela. Estaba esperando mi turno y casualmente leí en un periódico una convocatoria del Gobierno de Navarra con las bases para un certamen de cantautores jóvenes.

Al calor de esos certámenes hemos tenido la oportunidad de cantar para un público que deseaba oír esas propuestas y en dignas condiciones.

Se erigieron muchas veces como únicos foros desde los cuales los jóvenes podíamos exhibir nuestras inquietudes. Tratar de promocionar el talento de los artistas no mayoritarios ha de reconocerse como una causa admirable y de obligado reconocimiento.

Mi único temor surge al hilo perverso de su vodevilesca presentación a modo de “Festival de la Canción”: competir/compartir. Esto, paradójicamente, podría chocar contra el espíritu que a menudo dichos Encuentros tratan de fomentar: contactos entre los participantes, creación de vínculos, mestizaje.
Hay que estar atentos y no hacer de estas galas una profesión.

Atentos a su desarrollo en el tiempo, a su natural evolución, a los caminos que hagan adultas sus expresiones. De las búsquedas que se abran, de los aportes logrados, de las batallas autocríticas que se debatan en las manos de todo compositor a lo largo de su producción creativa. Construir una trova nostra.

El azar y Carlos Cano me llevaron aquel
“Abril para Vivir” hasta Granada.

Gracias al esfuerzo de Sforzinda por convocar un año más este Encuentro Intergeneracional. Gracias a la generosidad de Juan Trova, Mario Ojeda, Jose Luis Pareja y tantos otros. Un abrazo para Alberto Alcalá, Hugo y Pablo Azevedo, Miriam Sandoval, Antonio Álvarez -Alber- y Alfonso Salas, por la dignidad y el talento con que defienden sus hermosas canciones.

Será cosa de hacer caso a cuanto nos dijo Vicente Feliú y no dejar de componer. Habrá que creerle igual que cuando escribió aquello de que el amor le espantaba, que se derrumbaba ante un "te quiero" dulce o que era feliz abriendo una trinchera.



El primer día del mundo

Letra y música: Txus Amat 


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jueves, 27 de marzo de 2008

Flor de lavanda



















No hay nada más aburrido que lo previsible, el reverso de lo creativo.

Hay dos posibilidades a la hora de escribir una canción. Saber qué se quiere contar o no saberlo. No es un tema menor éste y pienso que ambas opciones recorren diferentes caminos. Si uno sabe dónde quiere llegar estará satisfecho en tanto en cuanto consiga alcanzar su objetivo inicial. Si no se sabe, las expectativas se multiplican.

Prefiero escribir canciones que me llamen la atención. Que me sorprendan. Que contengan algo propio, que me sea ajeno. Aún a riesgo de no reconocerme del todo en ellas. Por ello es muy habitual que parta de materiales que procure no controlar del todo (cosa que no es muy difícil…) y así darles las vueltas justas hasta pedirles que improvisen, sin ceñirse a guiones previos. Esos elementos surreales que surgen de improvisto, bien empleados, suelen ser cargas de profundidad para una canción. Después espero ver si poseen el impulso suficiente como para alzar el vuelo. Unas veces sobrevienen aterrizajes forzosos y otras tantas no consiguen despegar. 

No es una forma muy recomendable de componer, pero los golpes de intuición siempre poseen la virtud de lo insólito, del arrebato necesario para no convertirse en monólogos aleccionadores. No creo que salgan muy bien las canciones de amor si uno está felizmente enamorado y además es correspondido. Si el autor está pasando por esos duros momentos de borrachera hormonal, no va a tener ni la capacidad crítica mínima ni, seguramente, necesidad. Aviso para enamorados: la alegría es muy poco exigente: chunta, chunta y a correr. 



Otra cosa es el desamor. Ahí cumple la canción una tarea terapéutica aún no suficientemente reconocida por la Organización Mundial de la Salud. Esa canciones duelen, pican. Desinfectan y ayudan a cicatrizar heridas. Nos hacen crecer. 

Aviso para naufragos: no todas las lágrimas son amargas.



Flor de lavanda

Letra y música: Txus Amat 


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miércoles, 26 de marzo de 2008

La vida por azar

















Galicia fue un escenario determinante en mi relación con la música.La guitarra se convirtió en salvoconducto y me libró de horas muy amargas. Gracias a ella unos compañeros me solían invitar a pasar unos días a sus casas (días de temporal atlántico, playas del fin del mundo).

Conocí hermosísimos pueblos, paisajes de indescriptible belleza. Me invitaron a ir a faenar en Cedeira; pero, sobre todo, sueño con aquellas larguísimas cenas en bodegas con arcadas en piedra y bancos corridos, donde la marmita y el albariño nos íban sacando los colores.

En la sobremesa, acordeones, guitarras y la voz de recios marineros que te miran muy adentro. Gente entrañable entonado viejas canciones de mar, algunas hermosas y otras francamente tenebrosas.

Fuí muy feliz cuando todo presagiaba mi desdicha: me quedaba más mili que al palo de la bandera.


Allí estábamos unos cuantos muchachos, en pleno valle de Mougá. Sólos, entre bosques, prados y ganado, apestando a humedad, en unos polvorines de municionamiento escondidos en plena naturaleza, horadados en cuevas tras unos acantilados.

En las noches solitarias la cantina hierve. Son muchas horas de guardia. Pronto ya no eran tropa y suboficiales los que me pedían estopa, algún oficial me ofreció poemas para musicalizar.


Y allí, en la noche de San Juan, al calor de la hoguera y de la queimada, me pidieron cantar “El valle de Mougá” que había escrito.Os lo podeis imaginar. Hablaba del frío que pasábamos y de la única bandera que reconocíamos como propia: la camaradería.

Sin ser insolente, recuerdo cantarla muy embravecido. Todos cantamos algunas partes y nos emocionamos mucho. Me contaron que el capitan aplaudió (yo no tuve el valor suficiente para mirarle el resto de la noche).

Siempre me acuerdo de José Luis, un compañero de Asturias, el centralista del Parque de Artillería, quién me envolvió en música cubana que yo había escuchado muy vagamente. Una canción llamada “¿Adonde van?" me llamó poderosamente la atención. 

Resultó ser de un tal Silvio Rodríguez.



La vida por azar
Letra y música: Txus Amat 

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martes, 25 de marzo de 2008

Narciso y otros desequilibrios


















Cuando uno no posee una gran voz ni es un virtuoso instrumentista, corre el riesgo de convertirse en corredor de fondo por los sinuosos caminos de la creación musical, más concretamente como autor de canciones.

Paradójicamente, el equilibrio que necesita una buena canción puede verse enriquecido por ambas imperfecciones. Caso contrario la experiencia nos advierte de la facilidad de creerse tocado por el dedo divino... Banalidad envuelta en celofán.

Siempre me emocionó el sonido de una guitarra. Escuchar a nuestro profesor don Ismael tocar cualquier estudio me hacía entrar en un estado catatónico. De rigidez absoluta. Podía sentir cada tensión del acorde como una atracción magnética… vaya, que me quedaba embobado.

Yo no elegí hacer canciones, era algo que ocurría jugando. De niño cantaba detrás de las puertas y recuerdo que me amenazaban con ponerme un clavo en la guitarra si no dejaba de apoyar mi muñeca en la tapa.

Es natural que si uno tiene a su alcance una azada y un terrenito, pueda acabar algún día plantando unas lechugas o unas patatas. A otros, con parecidos ingredientes, nos ha dado por cavar más hondo, quizá nuestra propia tumba.

lunes, 24 de marzo de 2008

Cantando y contando


















Después de leer Obabakoak de Bernardo Atxaga, fue muy grato ver la adaptación al cine que hizo Montxo Armendáriz..

La protagonista (recurso de Armendáriz para dar continuidad a los cuentos que conforman Obaba) se graba con su cámara de vídeo y con frecuencia repite la expresión “quiero decir que…”. Así una y otra vez.

Me sentí muy identificado con ella. Yo también tengo esa muletilla. Será por ver si me explico para qué he llegado hasta aquí, el sentido de todo esto.

Una mirada y un paisaje. Debe ser eso sin más. El medio de expresión es lo de menos.

Lourdes quiere atrapar la realidad de Obaba, de su mundo, de sus gentes. Quiere captar el presente, mostrarlo tal como es. Pero Obaba no es el lugar que Lourdes ha imaginado, va conociendo retazos de sus vidas: de antes, de cuando fueron niños o adultos, y de ahora, de cuando apenas les quedan ilusiones. Retazos de unas vidas que provocan pasiones, envidias y violencia.

Pero siempre hay algo que falta, que se escapa, que no se alcanza a comprender. Como el misterioso comportamiento de los lagartos que habitan Obaba.

Quiero decir que creo que a mí también se me ha metido uno por el oído y se ha abierto paso hasta mi cerebro.

Quiero decir que…


Jota Bayón

Letra y música: Txus Amat 


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domingo, 23 de marzo de 2008

Tertulia: llega la música





















Me cuentas las novedades aquí,
en el patio de atrás,
mientras apuramos el humo del cigarrito
tranquilamente;
poniéndonos al día
de los rumores que van llegando
al hedor del cadaver
de un verano asesinado
a penumbras.

Me enseñas tus puñales,
tu nueva brújula
y me tratas de convencer
de la importancia de ganarles
la partida por la mano.

Y yo
te escucho sobrecogido
mientras callo,
con la extraña sensación
de haber vivido ya
todo esto antes.



La guitarra siempre estuvo ahí. Mi abuelo conoció a Tárrega y cuentan que se largó a la Argentina a principios de siglo con una guitarra y que regresó con barba y una larga melena. Ya en España dicen que pasó tanta hambre que se vió en la necesidad de vender su instrumento: estalló la guerra. Cruentos años.

Mi madre insistió mucho (la guitarra despertaba en ella la presencia de su padre) y en Cuenca todos mis hermanos y yo empezamos a ir a una Academia de música. Yo tendría seis años.

Recuerdo los zapatos de don Octavio, relucientes y amenazadoramente negros, con una punta afiladísima, capaces de ensartar de un solo puntapié a toda la familia Alonso Amat y sus desafinaciones.

Otros hechos hicieron que con siete años marchase a vivir sólo con mis tios de Navarra. Al llegar sucedió algo inesperado: un pariente de mi tío era guitarrista en un grupo de jotas y me regaló ¡dos guitarras!. Eran muy antiguas, con clavijero de madera. Una tenía la tapa rota y a la otra le faltaban dos cuerdas.

Ya adivinaréis cuales fueron mis primeros juguetes en la Ribera de Navarra.


Zangón

Letra y música: Txus Amat 


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sábado, 22 de marzo de 2008

Cinema Paradiso


















Poco después de aquello, alguien del Instituto me convenció para ayudar a montar unos ciclos de películas. “Cine-fórum” se llamaban aquellas propuestas, con debates al final de las proyecciones.

Pero había un problema: nadie sabía cómo funcionaba el viejo proyector profesional de 35 mm del salón de actos. Llevaba años parado.


Para allá que me fuí (nunca había estado en una cabina de proyección). Aquello era tremendo, parecía una máquina del tiempo… la caldera de una antigua locomotora. De hecho tenía su chimenea para expulsar el humo de la combustión que generan unas varillas de carbono. Alcanzan una furiosa incandescencia por obra de la corriente eléctrica. Con un par de manivelas trataba de mantenerlas a la distancia apropiada.


Sonaba y traqueteaba dando bufidos y chisporroteos.


Aprendí rápido a manipular la montadora, a rascar el celuloide y pegar con acetona las bobinas de película de tres en tres, a enhebrar la película con los bucles apropiados en el laberinto de rodillos, los objetivos y correderas del cinemascope, el volumen de audio, limpiarlo todo, anotar cada descubrimiento hasta dejar por escrito un “manual de uso” para el futuro, si algún futuro podía esperar a aquella anciana humeante.


De esta manera me había convertido de repente en jefe, operador y ayudante de cabina, todo a la vez. Ví películas que me impactaron (no sólo formalmente) y que despertaron mi curiosidad ante un cine muy poco convencional. Recuerdo películas de Werner Herzog como “Aguirre o la cólera de Dios”, “Nosferatu”, “El enigma de Gaspar Hauser” o “Fitzcarraldo”.


¡¡Era un trabajo maravilloso!! Yo era el que “echaba” las pelis, el primero en entrar al salón de actos y el que apagaba las luces cuando se iluminaba la enorme pantalla blanca… Casi podía sentirme responsable de que aquello fuese posible, como si estuviera ayudando a conjurar la magia de cuanto allí ocurría. Me sentía otra vez dando latigazos en el aire en un baile de esqueletos. Todo podía suceder.

Otra vez subido al carro.

Sesión continua

Letra y música: Txus Amat 


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viernes, 21 de marzo de 2008

El carro del comediante

















Tuve la suerte en mi adolescencia de formar parte de una obra de teatro que se tituló “El carro de heno”, una alegoría sobre los bienes terrenales inspirada en un cuadro de El Bosco.


(Un poco antes, a finales de los setenta, había coqueteado con el super 8 en producciones que nos obligaban ya a tener los ojos bien abiertos. No teníamos nada. Pero eso o no lo sabíamos o no representaba mayor problema: le pedíamos la cámara prestada a Sixto, las luces a Txema, un piso vacío de mi primo se convertía en plató, pedíamos una subvención al Eroski para comprar película o una sala donde reunirnos en Anayak).

El caso es que hicimos algunas funciones fuera de Tudela. Actuamos en muchos pueblos de Navarra. También de Zaragoza, Segovia… Con apenas quince años no dejaba de asombrarme de todo cuanto estábamos viviendo.

Gracias al empeño en que así fuese por parte de nuestro coordinador ( a decir verdad casi como única condición ), tenía la fortuna de formar parte de un grupo donde colectivamente íbamos montando cada parte: la escenografía, la caracterización de los personajes, discutiendo el ritmo, las clases de dicción…

Nos maquillábamos y vestíamos juntos, entre bambalinas, en el mejor de los casos en camerinos compartidos. Durmiendo en el autobús, montando jarana con gaitas y tamboriles. Recuerdo con emoción que toda la segunda parte de la obra era una coreografía sobre
“Carmina Burana” una famosa cantata escénica de Carl Orff que yo, en aquellos años, naturalmente desconocía. Dios mío. ¿Qué era todo aquello?.

Así, aún me recuerdo dando latigazos al aire, con veinte cadáveres danzando en escena. La luna de los campos nocturnos colándose entre las ventanillas. Tirados en una esquina de cualquier ciudad cantando canciones de viejas que mean de pie.

Esas cosas íban imprimiendo cierto carácter. 




Mi juglar negro

Letra y música: Txus Amat 


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