viernes, 3 de octubre de 2014

Luis García Montero
























Cuando me invitaron a cantar en la presentación de la última novela de Luis García Montero pensé en musicar un poema suyo. No me pareció algo descabellado, tenía tiempo y muchas ganas, él es un poeta que me inspira mucho.

Con la cabeza atormentada ante la posibilidad de convertir un gran poema en una mala canción, anduve buscando y rebuscando... hasta constatar que los dos temas fundamentales en la poesía de Luis son el amor (como trasformación de los sentimientos) y las ciudades (como escenario del mundo moderno).

Así fue como hallé en su libro de poemas “Diario Cómplice” (1987), el Poema I en el cual ambos temas se encuentran íntimamente ligados: “Yo sé que el tierno amor escoge sus ciudades”. 

Gracias a todos, especialmente a Luis, no sólo por sus entrañables palabras, sino por la lucidez y sensibilidad de un enorme poeta que ha tomado su oficio como ética, un contrato moral con los lectores que no podemos sino agradecer. 



Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión tiene un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre un camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.


sábado, 16 de agosto de 2014

Golondrinas

























Desde que no te aburres conmigo
tus graffitis no se distinguen,
pierden su gracia cuando la fiesta
solo debería haber comenzado.

Y, fíjate,
he descubierto
a la vecinita de enfrente
con estos prismáticos rusos
y me sorprende el marcapasos
de la memoria -otra vez-
pensando que tendría que contártelo.

Pero estabas tan fascinado
por los expurgos de la vida,
por los saltos mortales
de tu purificación que
-íncubo en aquel rito de paso-
me desconectaste de tu pecho.

domingo, 3 de agosto de 2014

Solo un pueblo






















Llego con lluvia
y encuentro refugio en este pueblo vacío.
Es sólo un aguacero de verano y, aunque ahora arrecia,
pronto escampará.

Como una cáscara de piedra
se alza en memoria de las vidas anónimas
que allí trenzaron sus sueños, sus amores,
también sus desdichas.

Paseando por sus calles
vuelve a mí, una vez más,
esa sensación de soledad sonora,
la extraña belleza de la desolación,
la implacable victoria de la humedad y los saltamontes.

La convicción 
de que algunos pueblos abandonados
no están deshabitados del todo.

Porque hay pueblos que necesitan personas

sábado, 12 de julio de 2014

Lennox Gardens






















Volver a Londres siempre es excitante.

Perderse por sus viejas calles, por sus parques, yendo de aquí para allá todo el día y descubrir la huella que dejaron sus hombres y mujeres tras siglos de historia.

Volver significa recordar lo que uno ya recuerda como algo propio. El reencuentro también con las sombras de los amigos y parte de mi familia.

Londres en junio son juegos de luces en Hyde Park,  fiesta en Trafalgar Square, hip-hop en Picadilly Circus, un helado en el London Eye. Volver a oler en Camden a curry y a campos de fresas, navegar entre mareas humanas por Oxford Street, el bello lenguaje de su arquitectura. La ciudad joven y despierta, que respira arte y diseño. Y mucho más…

Y nos hemos acercado a Chelsea, hasta la casa de Carmelo y Chiqui. Hemos vuelto a Lennox Gardens en busca de nuestros fantasmas, para brindar con ellos unas pintas.

Para contarnos esas cosas que a veces nos pasan, quizás para darnos cuenta de que fue lo mejor que pudimos hacer.

Quizás Carmelo sepa dónde va esta canción. Yo, emocionado, apenas alcanzo a intuirlo.


Lennox Gardens

Letra y música: Txus Amat


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sábado, 31 de mayo de 2014

Salud y memoria












































Quiero agradecer la invitación de la Comisión Cívica para la recuperación de la Memoria Histórica de Alicante cuya labor es tan encomiable como necesaria.

Sumarnos al acto es algo que a Charli Moreno y a mí nos ha llenado de orgullo, colaborar en honrar una memoria que dignifique la historia.

Esta mañana, en la plaza del Mercado Central de Alicante, el tiempo y la autoridad han respetado la palabra y la emoción. Y allí nos hemos juntado para homenajear a nuestros conciudadanos, para recordar a los nuestros: las más de trescientas víctimas del bombardeo fascista contra la población civil en el Mercado Central aquel 25 de mayo de 1938.

Y para ello, hemos juntado dos canciones sobre dos mayos distintos. Uno trágico, que ha permanecido setenta años ignominiosamente olvidado. Y el otro, un mayo más reciente, que no se acaba desde hace tres años. Cuando empezábamos a sacudirnos el miedo.


¡Salud y memoria!


Fotografía: Pepe Gil - Akraimagen-

sábado, 10 de mayo de 2014

Carlo Campagnolo












El baterista italiano, de pocas palabras, porque tampoco se le iba a oír mucho si hablara por entre los tambores y los platos, tiene un algo de película de Fellini, sobre todo cuando la banda ensaya en verano y él va con una camiseta de tirantes neorealista y uno se lo imagina en blanco y negro, almorzando en silencio como un campesino y riendo a la hora del postre, que siempre consiste en fruta. 
En el escenario, cuesta un poco verle, aunque se le escucha enseguida, claro, un poco al revés de lo que ocurre con el rayo y el trueno, pero resulta de una belleza violenta y contundente contemplar esa especie de gimnasia acústica, esa marcha implacable como de galeote enloquecido. 
Campagnolo, el baterista italiano, toca, sí, como un ángel rural de Passolini que ha aprendido un poco de jazz.
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Qué suerte tengo de conocer un hombre de corazón generoso como el de un buen anarquista y honesto hasta con su propio apellido. Lo conocí hace ya más de diez años en su casita del camino de las parras y su sombra me ha cobijado todo este tiempo. No sólamente a mí, bastantes músicos de distintas tendencias tuvimos en aquella casa nuestro lugar de ensayo. 

Entre huertas, olivos y jardines, Rex y Pablo se miran de reojo. A un lado, una escalera de madera asciende y se abre paso entre gatos y selvas de jazmín.